Quizá la noticia más importante en lo corrido del año ha sido la liberación de Ingrid Betancourt, los 3 norteamericanos y 11 uniformados colombianos que se encontraban secuestrados en la selva de ese país.
Ingrid se convirtió en una celebridad y su imagen ha dado la vuelta al mundo y despertado la solidaridad de los pueblos. Es tan conocida como sus compatriotas Juanes, Shakira o García Márquez y aunque muchos no comprendían muy bien su retención todos estaban abogando por su liberación. Como dato anecdótico hace unos meses un irreverente periodista colombiano realizó un reportaje en París y allí varios de los encuestados tenían la creencia que a Ingrid la tenía secuestrada el gobierno de Álvaro Uribe. Lo curioso es que Uribe no era presidente ese 23 de febrero de 2002 cuando acompañada de su jefe de campaña se adentró en la carretera rumbo a San Vicente del Caguán, pese a las advertencias de las autoridades y familiares. Ella pensaba que tenía un compromiso con la gente del Caguán donde acababa de terminar la zona de despeje y así concluían los diálogos de paz. Ingrid nunca pensó que su travesía por la solitaria carretera a San Vicente duraría 2321 días. Ella pensaba que la guerrilla respetaría su integridad, no en vano ella era la única candidata que había cuestionado a la oligarquía y a la clase política. Ella se había reunido en la mesa de negociaciones con los altos mandos de las FARC y estaba segura que ellos mismos no dejarían que le pasara nada. Pero estaba equivocada y su prepotencia e ingenuidad la llevaron a una odisea que nunca hubiera imaginado. Pero esos 2321 días la maduraron, le enseñaron a valorar lo que tenía, a entender que las FARC no luchaban por el pueblo como ella pensaba y que sus ideales habían quedado atrás en el campamento donde habían nacido.
Ingrid salió liberada el pasado miércoles y en sus ojos se veía la sabiduría y la prudencia que le dejaron 2321 días de reflexión. Ella como sus compañeros de cautiverio salieron con ideas más claras. Era increíble ver a los soldados y policías liberados hablando de su amor y respeto por la patria y las instituciones, contando sus experiencias con palabras sacadas de diccionario como si los años, para muchos 10, los hubiera graduado en ciencias políticas.
Para ellos cada hora, cada noticia, cada idea era importante y quedaba grabada pues en ocasiones era lo único en lo que podían pensar en el aterrador silencio de la selva.
Parece increíble que un ser humano pueda abusar tanto de otro ser humano, que no lo mueva la compasión, que su corazón se haya endurecido sin saber a qué ideal responder, pues en la guerrilla ya no hay ideales. El secuestro es quizá el peor delito que puede existir. Todos nacemos libres y nuestro principal derecho es el de permanecer libres; no tenemos el poder de someter a alguien y privarlo de esa libertad y menos en la condiciones en que vivían estas 15 personas y en las que aún viven más de 700 personas en las selvas de Colombia.
Álvaro Uribe fue elegido para lograr la paz combatiendo la guerra. Uribe ganó para devolverle la confianza y la seguridad a Colombia y pese a la terrible presión mundial que despertó el secuestro de Ingrid Betancourt, no cedió al chantaje de las FARC. Uribe sabe que el grupo terrorista ha mentido durante sus 44 años de historia y que cada acuerdo de paz termina fortaleciendo su posición bélica. Mientras las FARC se sentaban a la mesa de negociación con el gobierno, llegaban armas y suministros a sus frentes guerrilleros. La misma Ingrid la noche de su liberación comentó que el peor golpe que ha sufrido esa organización en los últimos años había sido la reelección de Uribe pues las FARC se habían quedado otros 4 años sin buscar un respiro.
Por eso Uribe sabía que la única forma de liberar a Ingrid no eran las gestiones de Piedad Córdoba o Hugo Chávez y menos la retórica del presidente Sarkozy que al otro lado del Atlántico veía las cosas con otra óptica. Las FARC no soltarían a la joya de la corona y los tres diamantes de la misma; ellos serían los últimos en salir hasta que les hubieran sacado todo el jugo posible.
Por eso el 2 de julio la “Operación Jaque” logró el milagro que todos estaban esperando. Una operación perfecta a la altura de Entebbe (Uganda, 1976) o Chavín de Huántar (Lima, 1997), sin derramar sangre, sin disparar un tiro y con toda la sagacidad de la que hace gala el pueblo colombiano Pero como “todo lo del pobre es robado”, hoy, Estados Unidos saca pecho diciendo que participó en la operación, Israel asegura los ex Mossad intervinieron en la misma, los Suizos que se pagaron 20 millones, Sarkozy está seguro que sin su intervención Colombia no hubiera podido liberar a nadie y no se les haga raro que al paso que va, los ingleses, los rusos, y otros más empiecen a endilgarse el éxito de la “Operación Jaque”. Mejor dicho, solo falta que las FARC digan que estaban liberando a Ingrid y a los gringos y el gobierno se los plagió.
Uribe ganó esta batalla, el ejercito colombiano demostró que sí se puede derrotar a las FARC y que el 2 de julio se escribió el comienzo del fin de esa organización terrorista.
Ahora Uribe con el 91 por ciento de aprobación se convierte en la mejor alternativa para el 2010 pues hasta que no logre la paz en Colombia no puede dejar el gobierno. La gran derrotada, las FARC, que ahora tiene que reflexionar y tomar acciones unilaterales como la liberación de los secuestrados que viven en los campos de concentración en la selva en las más extremas condiciones. Las FARC tienen que tomar el camino democrático y lograr los cambios que plantean en las urnas como lo hizo el M19.
Ingrid ya está libre y no nos podemos olvidar de los demás secuestrados. Hoy con la euforia, todos juran trabajar por ellos, pero no podemos dejar que el tiempo siga pasando y que estos seres humanos se sigan consumiendo en la manigua. Este domingo 20 de julio hay que salir a la calle para pedir su liberación, para decirle al mundo que no hace falta ser famoso, francés o norteamericano para que el mundo condene la ignominia. Hay más de 700 personas que nos necesitan y aquí en Tampa en la esquina de Himes y Tampa Bay a las 12 del día estaremos diciéndoles desde acá que no los hemos olvidado.


