La sonrisa torcida del sueño americano frunce el ceño bajo una techumbre llamada subdesarrollo. ¿Es esto Estados Unidos?
El llamado American Dream puede ser definido como la creencia en la libertad que permite a todos los ciudadanos y residentes de Estados Unidos alcanzar sus metas vitales, gozar de la capacidad de elección entre diferentes estilos de vida, tener igual acceso a la abundancia económica y perseguir objetivos compartidos y beneficiosos tanto para el individuo como para la sociedad.
El término American Dream hoy está asociado a inmigración, y data de tan pronto como el siglo XVI. Fue en 1931, sin embargo, cuando apareció definido por primera vez en un libro de historia: The Epic of America de James Truslow Adams. Cito del mismo: “But there has been also the American dream, that dream of a land in which life should be better and richer and fuller for every man, with opportunity for each according to his ability or achievement.”
Las palabras de Truslow Adams resuenan en mi cabeza a medida que recorro Palmetto, FL, me adentro en cada una de las casas en las que me dan permiso y charlo con cada uno de los inmigrantes hispanos de las mismas que quiere contarme sobre sus condiciones de vida -los mayores descubrimientos son off the record, por supuesto-. La mayoría de ellos son indocumentados, viven totalmente hacinados (hasta 14 personas en una propiedad de apenas dos dormitorios pequeños), cobran una miseria por jornadas de doce horas en el campo ¨piscando tomate¨, ponen en peligro la salud de sus bebés y niños y el denunciar la situación ni se les pasa por la cabeza por miedo.
Las condiciones de vivienda
Muchos de estos trabajadores agrícolas provienen de México en busca de mejores condiciones de vida. Son pocos -yo no encontré ninguno- los que afirman haberlas encontrado. El estado de sus viviendas y su existencia, en general, son cuanto menos deplorables, impensables en un país del primer mundo. Los patrones de las tomateras a veces les proporcionan el alojamiento cerca de las plantaciones, en cuchitriles poco saludables y en iguales condiciones de hacinamiento. Por este servicio les quitan buena parte del salario ya de por sí escaso. Muchos prefieren vivir en complejos fuera de la tomatera, encontrándose con precios de alquiler hinflados (700 dólares de media por un apartamento enano, mugriento y en un área que de por sí baja el precio a las propiedades) y caseros americanos que no hacen sino aprovecharse de su situación de indocumentados. Varias familias tienen que aunar esfuerzos para poder pagar los alquileres, lo cual en numerosas ocasiones significa incluso tres familias numerosas habitando los mismos pocos metros cuadrados. Los arrendadores nunca vienen a reparar desperfectos, en el mejor de los casos, y tienen a los arrendatarios amenazados, en el peor de ellos. Conseguir imágenes para un reportaje investigativo sobre el tema para un programa de televisión local fue más o menos imposible por esa misma razón: el pánico. Los inmigrantes viven aterrados por sus patrones y caseros, y muchos de ellos han recibido amenazas directas relativas a ¨abrir la boca o dejar pasar a periodistas a los complejos residenciales¨. Las cucarachas, las hormigas, las ratas y las humedades son otros de los amigos del inmigrante encajonado.
Los pesticidas
Las condiciones de vivienda de estos miles de rostros morenos están muy relacionadas con sus condiciones laborales y personales. La salud juega un papel importante en estas catástrofes humanas tan poco publicitadas. En la mayor parte de las plantaciones se usan pesticidas que minan la lozanía de tanto los que trabajan en ellas como sus bebés y sus hijos. Las tomateras no les proporcionan un lugar donde dejar ni lavar su ropa antes de abandonar sus lugares de trabajo al final del día, por lo que han de llevarse las prendas a casa y lavarlas con el resto de la ropa de sus hijos. Muchas familias son tan pobres que no pueden permitirse pagar doble número de lavadoras en una lavandería local para separar la ropa del trabajo de la ropa de la familia. Ya se ha demostrado que los pesticidas influyen directa y nocivamente en la salud de los niños (una tomatera en Florida fue demandada con éxito recientemente por el nacimiento de un bebé sin brazos ni piernas).
Empezamos una reunión con hombres de banca y de negocios mostrando diversas fotografías de interiores y exteriores de viviendas, claramente de apariencia tercermundista. Se pregunta a los asistentes dónde creen que fueron capturadas esas imágenes. ¨Colombia¨-dijo uno. ¨Ecuador¨-dijo un segundo. De las cuatro fotografías dos habían sido hechas en Palmetto, FL.
¿Es éste el famoso sueño americano? ¿Vienen los inmigrantes a robar empleos, ¨pasarla rico¨y chupar del American Dream? A juzgar por la mueca que tiene la techumbre de sus casas, tan lejos de las mansiones de plástico y Barbie de El show de Truman, muchos de los locutores de radio claramente conservadores, racistas y anti-inmigrantes en USA -como Lou Dobbs, descendiente de Bob Grant y su formato ¨angry talk radio show¨- de ver esto tendrían que hacer esfuerzo por esgrimir sus argumentos con convicción sin que algo se les retorciera por dentro.
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